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Estoy felizmente casado. Conocí a mi mujer cuando éramos muy jovenes, nos casamos muy pronto. Y hoy en día llevamos una vida feliz, no tenemos hijos, y somos muy dinámicos: trabajamos ambos, viajamos, salimos bastante juntos o con nuestros amigos, nos gusta disfrutar el momento.
En lo familiar, mi esposa tiene una hermana menor, apenas tres años, y su madre, mi suegra, es joven, ya que decidió tenerlas a ambas a principios de la veintena, para así disfrutar de su crecimiento y cuando ellas fueran mayores poder disfrutar de su madurez.
Comenzaré hablando de mi suegra. Hoy en día ronda la cincuentena, se mantiene muy bien, cuerpo cuidado para su edad, rostro bonito, simpática, tímida y continúa levantando pasiones, piropos y miradas lascivas en la calle de otros hombres. A sus grandes pechos, algo caídos, no nos vamos a engañar ya que los años no pasan en balde, le acompañan buen trasero. Le gusta vestir ajustada puesto que puede hacerlo aún y se siente joven de espíritu, lo cual hace que vista de manera juvenil pero siendo consciente de la edad que tiene.
Por otro lado, mi cuñada, es tres años menor que mi mujer. Físicamente posee el mismo rostro que mi suegra, lo cual le favorece, inclusive el cuerpo es muy parecido, salvando la edad que les diferencia. Sus pechos son voluminosos y su trasero lo luce con garbo. Se casó hace tres años y de vez en cuando coincidimos en comidas familiares o vienen a pasar la tarde a nuestro domicilio. Le gusta vestir ajustada también, puede permitírselo puesto que aunque ha engordado algo mantiene buen cuerpo, a base de leggins y minifaldas que le hacen lucir buenas piernas y potente culo. Cuando hemos coincidido en comidas familiares y he podido verla en todo su esplendor, vistiendo esos modelitos, no he podido dejar de fijarme en sus atributos, de lo cual ella se ha percatado en innumerables ocasiones, es más, en algunas me ha sonreído pícaramente. Yo que soy muy tímido he dejado de mirarla instantáneamente, pero esa picardía que demuestra me atraía tanto como su culo. Sabedora de la pasión que levanta en los hombres me hace pensar que le gusta provocar y en mí tiene una presa fácil. Son bastantes las ocasiones que ha pasado delante mía deteniéndose a mi altura y poniendo su carnoso trasero a la altura de mi boca cuando estoy sentado a la mesa y ella pasa a mi lado. Se lo comía literalmente. Días antes de su boda, yo asistí a una de las pruebas de su traje de novia, mientras se cambiaba pude verle desnuda a través de las cortinas del probador, me hipnotizaron su espectacular culo y sus pechos juguetones, ella no se dio cuenta pero yo me puse cardiaco. Arrancó una erección brutal en mí. Fui a masturbarme al aseos porque no podía controlarme.
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He de reconocer que con una mujer tan bella como la mía, una suegra joven y atractiva y una cuñada muy explosiva, estoy la mar de contento. A veces hemos ido juntos de vacaciones estivales y es lo mejor que puede disfrutar un mortal. Algunos veranos hemos compartido apartamento una misma quincena las tres parejas y he de decir que es una experiencia memorable. Me excito viendo esos cuerpos alrededor mío las veinticuatro horas del día: en la piscina, playa, comida, antes y después de la ducha, saliendo a cenar y tomándonos copas y durante el silencio de la noche. Sí, el silencio de la noche era lo mejor. En algunas ocasiones yo estaba tan excitado de aguantar tal bombardeo de cuerpos todo el día que mantenía relaciones con mi mujer salvajemente por la noche.. Lo mejor es que ella es muy explosiva en la cama y gime de manera nada discreta, lo cual me excitaba más si cabe, ya que pensaba en que nos oían el resto de familiares. A veces oíamos a sus padres o mis cuñados manteniendo relaciones sexuales en el mismo apartamento, lo cual nos sobreexcitaba. Una gran experiencia. Es recordarlo y me produce una erección.
Hace unos años mi suegro enfermó y pasó un par de meses en el hospital. Mi suegra vino a residir con nosotros esa temporada, el hospital estaba muy cerca de casa y así ella no debía desplazarse a la vez que podía descansar, ducharse y comer con nosotros. Cada vez que yo la veía por nuestro piso, recordaba las vacaciones de verano y ciertamente me excitaba. Era junio, por lo que  a veces cuando mi novia no estaba, por motivos labores, ambos estábamos solos en la vivienda. Hablábamos de todo, hasta de nuestra vida en pareja, teníamos buena confianza. Reconozco, y está feo decirlo, que me excitaba tener a esa gran mujer en piso, por respeto y educación no hacía nada que le pudiera molestar o sentir mal. Después de ducharse dejaba su ropa interior en la cesta de ropa sucia cerca de la lavadora y cuando estaba llena, ella, yo o mi mujer poníamos la lavadora. Una vez, mientras la introducía, comprobé que sus sujetadores eran sensuales y de una talla bastante prominente, lo cual me excitó, he de reconocerlo. Imaginármela con esa ropa interior tan sexy puesta me  calentaba. Cada vez que ponía la lavadora me fijaba si había sujetadores suyos y acababa excitándome, posteriormente, masturbándome. Los olía porque a su olor corporal le acompañaba la esencia de su perfume. Era irrefrenable. A veces me sentía mal por todo ello. Una tarde me fui a  dormir la siesta. Cuando estaba tumbado en nuestra cama de matrimonio, recordé ese momento de selección de colada y me excité a la vez que me masturbaba. Mi suegra se marchaba al hospital, la oía que decía algo pero no la entendía, yo no estaba para responderle, así que no le hacía caso. De repente se abrió la puerta y me contempló desnudo, masturbándome, se sorprendió al verme así, miró mi cuerpo, vi como observaba mi pene y en pocas palabras, atropelladas, me dijo que ponía la lavadora y se marchaba. Cerró la puerta y se fue. Yo estaba avergonzado, pero al cabo de unos minutos ese hecho me excitó y terminé de masturbarme, pensando en la situación y en mi suegra. Por la noche mi novia pagó las consecuencias con tres polvos memorables, seguro que mi suegra oyó nuestros gemidos. Lo hacia conscientemente, para que ella nos escuchara, esto me ponía mucho más y mi novia disfrutaba al máximo.
Este acontecimiento fue como una especie de comienzo de una serie de situaciones que se vivieron en mi domicilio cuando mi esposa no estaba y eran de lo más sensuales. Mi suegra se compró una bata más sensual, ligera y corta porque decía que tenía calor en el piso, ya estábamos en julio, y el verano en Sevilla es criminal. A veces se trasparentaba su ropa interior, lo cual me encendía instantemente. Otras veces, cuando manteníamos conversaciones a solas hablábamos de intimidadas, ella llegó a confirmarme que durante las vacaciones de verano nos escuchaba practicar sexo, que le excitaba y automáticamente quería ser saciada por mi suegro. Todo era raro y curioso. Para remate, en una ocasión, mi esposa le dijo a su madre que si en algún momento tenia calor en la vivienda no pasaba nada si quería dormir o pasearse en ropa interior, que era como estar en la playa y que entre nosotros había confianza. Mi suegra se ruborizó y dijo que le daba vergüenza. Pero, días después, pude ver como  dejaba la puerta entre abierta de su dormitorio para dormir semidesnuda. Me excitaba mucho. Le espiaba, la observaba a oscuras con el resplandor de la ventana por donde pasaba la luz de la calle y después cuando me acostaba mantenía sexo salvaje con mi mujer. Ella se percataba de mis actos y empezó a pasearse en sujetador y bragas sensuales, o en tanga inclusive, yo sufría unas erecciones incontrolables que me incomodaban, ella sé que me observaba. ¿Qué podría hacer? Todo se me iba de las manos.
En una de las conversaciones que mantuvimos a solas, me dijo que se había dado cuenta que me excitaba y me reconoció que cuando me vio masturbándome se calentó mucho, tanto que tuvo que masturbarse ella. Yo no sabía qué hacer, ni que decir. Eso sí, estaba empalmado como nunca oyendo sus palabras. Ella dijo que no quería ser infiel a su marido ni a su hija, pero que toda esa situación le excitaba y que a veces necesitaba mantener sexo con su marido pero al estar hospitalizado se masturbaba por las noches compulsivamente, mientras todos dormíamos, también me confesó que en ese momento lo estaba y que podría masturbarse allí mismo, delante de mí, como una perra en celo, se sentía como una adolescente desbocada. Observé sus pechos y sus pezones, le delataban. Gordos, erectos, puntiagudos y su clítoris debía andar muy a la zaga. Le dije que a mí no me molestaría si lo hacía, al contrario, y según se lo decía, saqué lentamente mi pene y comencé a masturbarme observándola, ella se puso muy colorada y tensa, a la vez que observaba mi polla, y de repente se desnudó y comenzó a masturbarse. Los dos lo hacíamos observándonos, fue muy excitante. Los dos gritamos de placer al eyacular, mirándonos, fue raro y bello a la vez. Después nos vestimos y guardamos el silencio eternamente. Al cabo de unos días dieron el alta a mi suegro y ella dejó nuestra vivienda. No volvimos a hablar del tema, pero sé que ella me observaba libidinosamente en más de una ocasion pero su relación familiar le impedía ir más allá.
Mi cuñada por otro lado seguía igual. Provocándome con su apetecible culo, sus minifaldas de infarta y sus leggins ajustados. Me sentía indefenso porque sabía que era su presa fácil e inofensiva. En una ocasión, en casa de mis suegros, en una comida familiar, al levantarse de la mesa, durante la comida, para ir al baño me pasó todo su culazo por mi cara, haciendo como si no fuera consciente, todos se reían por el “incidente”, pero ello lo hacía intencionadamente. No podía más.
En una ocasión, unos días antes de Navidad tuve que acompañarle a una entrevista de trabajo. Como su marido trabajaba y yo estaba de vacaciones, me fui con ella. Ella iba vestida con una falda hasta las rodillas, ajustada a su enorme culo y un top que marcaba su gran pecho, heredado de su bella madre. Cuando íbamos en el coche se abría y cruzaba de piernas, se acariciaba sus muslos… Yo no podía conducir. Llegamos al edificio donde era la entrevista, subimos, le esperé en la sala de espera y ella hizo su entrevista. A los quince minutos salió, me dijo que en unas dos semanas, después de Navidad, le darían la respuesta definitiva. Al salir del edificio ella bajó por delante de mí en las escaleras. No quitaba ojo de su culo. Ella reía y me dijo “¿te gusta mi culo, cuñado?”, no sabía que decir, y me salió un tímido “sí, me encanta”. Ella riéndose me dijo “lo sé”. Estaba avergonzado. A lo que añadió: “¿te gustaría acariciarlo?”. No podía hablar, a la vez que me miraba, hice un movimiento de cabeza afirmativo. Me dijo que nos fuéramos al coche, estaba en un parking, que nos metiéramos dentro y que se lo tocara, acariciara y hasta comiera si quisiera. Se bajó la falda y procedí a palparlo completamente excitado. Me faltaban manos. Su tanguita era muy leve pero lo suficiente para ponerme como un tren. Ella aprovechó para sacarme el pene del pantalón y decirme que me incorporara para que le penetrara, que llevaba muchos meses sin follar con su marido y necesitaba una polla, dijo que yo era alguien cercano y le ponía mucho y quería follarme. Así de directa y clara era. Fue un polvo directo, breve, eyaculó muy rápido, estaba muy cachonda por la ausencia de sexo. Yo me corrí en su culo. Arrancamos el coche y nos fuimos a mi casa ya que estaba solo. Allí continuamos.